Los alumnos y alumnas crean su carné de convivencia cuando les preguntas algo tan sencillo como esto:

¿Qué sientes cada día en el aula? ¿Por qué te sientes así? ¿Qué quieres cambiar?

Si algunas de las respuestas son sentimientos de malestar relacionados con el mal comportamiento de unos pocos, la iniciativa de todos toma partido para construir un ambiente más justo, responsable y motivador.

 

El carné de convivencia en positivo

El carné de convivencia, desde un enfoque positivo y creativo,  es una tarjeta que acredita la capacidad del propietario o propietaria para resolver conflictos pacíficamente, respetar a los demás y actuar de manera responsable en el aula.

Es un recurso transformador con el que todos/as toman conciencia de que sus comportamientos tienen consecuencias. Con él, las normas del aula se hacen explícitas y la motivación aumenta con los puntos y los privilegios que conlleva.

 

El carné en construcción

Todos, alumnos/as y profesorado, participan en el proceso creador del carné estableciendo unas normas en el aula, puntuando los comportamientos en función de su gravedad y estableciendo premios y privilegios para quien conserve los puntos.

Lo primero es elaborar un cartel de normas y colocarlo en la pared del aula, de manera que quede visible.

En segundo lugar, se asignan puntos (del 1 al 5) a cada norma, según su importancia o gravedad. Estos puntos se pierden cuando algún alumno/a se salta una de ellas.

Posteriormente se realiza una lluvia de ideas y, mediante consenso, se establecen:

  • consecuencias por la pérdida de puntos, por ejemplo, ese día trabajará sólo de manera individual y no en grupo;
  • opciones para recuperar los puntos, como pedir disculpas en público o hacer alguna tarea para la asignatura;
  • y los privilegios de aquellos que conservan todos los puntos, elegir una película, sumar un punto a la nota de la asignatura, etc.

Por último, diseñan el carné (con una estética divertida y atractiva) y se reparte uno a cada alumno/a.