La violencia ha existido siempre, solo que desde hace unos años ha aumentado la inquietud y la preocupación por este asunto debido a tres factores:

  • Incremento de nuestro conocimiento sobre los derechos humanos y también a la legislación vigente surgida en contra de cualquier forma de discriminación.
  • Acceso a la información de forma globalizada.
  • Aumento de la gravedad de los comportamientos violentos.

Según la OMS, 2003, la violencia es el uso intencional de la fuerza o el poder físico, de hecho o como amenaza, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones.

La utilización de la violencia alude a la “negación de la razón o la incapacidad de la razón para la solución de los problemas” (J. Anton, 1989). Esta incapacidad tiene su origen en procesos multicausales: elementos innatos, factores ambientales y procesos de aprendizaje.

En los centros educativos, la violencia escolar (J.V. Merino, 2006) es un espejo de la violencia social, que hoy ha adquirido mayor complejidad porque se mueve en un contexto de globalización. En tiempos pasados, existía la violencia institucional, es decir, aquella ejercida por el profesorado y la institución sobre los alumnos/as a través de comportamientos dirigidos a reprimir y dominar. Desde hace unos años,  se ha incrementado la toma de conciencia sobre otros dos tipos de violencia escolar, que son la de los alumnos entre sí y de alumnos a profesores (M. J. Aguado, 2005):

  1. El acoso entre iguales (bullying) es un tipo de violencia que ha existido siempre. Existe un agresor que crea una situación de dominación sobre la víctima. El agresor suele ser una persona impulsiva que abusa de su fuerza, caracterizado por tener una situación social negativa, dificultad para cumplir normas, bajo rendimiento y ausencia de una relación afectiva positiva con sus padres. En cuanto a la víctima, se caracteriza por una situación social de aislamiento, escasa asertividad, conducta pasiva, miedo ante la violencia, baja autoestima y dificultades para comunicarse. A ambos les acompañan unos compañeros que actúan como espectadores y en algunos casos como favorecedores.
  2. El profesorado como víctima es un tipo de violencia más reciente. Aparecen casos sobre todo en secundaria y las investigaciones sobre el tema aconsejan incluirla en los estudios sobre acoso.

Desde un enfoque global, abordar la violencia escolar supone alejarse de planteamientos reduccionistas, es decir, de acciones aisladas en el interior de sus muros, y utilizar un planteamiento más complejo. Esto es armonizando la acción dentro de la escuela con la acción social en sus diferentes ámbitos (políticos, económicos, culturales…) y niveles (internacionales, estatales, municipales, institucionales, familiares, etc.).

Desde un enfoque más concreto, los programas de prevención de la violencia en la escuela (M. J. Aguado, 2005) han de contemplar los siguientes puntos:

  • Una política de normas y sanciones claramente contrarias a la violencia.
  • Un programa educativo sobre estrategias y habilidades de resolución de conflictos.
  • Acciones que incrementen los valores democráticos y el sentido de pertenencia a la escuela como comunidad.

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