La igualdad es un concepto recogido en la Constitución Española, que establece la prohibición de cualquier discriminación por razón de nacimiento, raza, sexo, religión o cualquier otra condición personal o social.

De esta manera se establece un principio constitucional que defiende la igualdad entre hombres y mujeres en nuestra sociedad. Posteriormente se han ido aprobando acuerdos, leyes y resoluciones que pretenden llevar a la práctica este derecho.

La igualdad, por tanto, es concebida como un derecho, una norma fundamental para el bienestar de las personas. En la práctica, supone una relación de equivalencia, en el sentido de que todos tenemos el mismo valor, y precisamente por ello somos «iguales». Significa juzgar con el mismo baremo o medir con el mismo rasero a personas diferentes. En este sentido, la igualdad admite diferencias, pero no desigualdades, es decir, tiene en cuenta la diversidad entre sujetos de una misma especie, sin que implique discriminaciones ni privilegios de ningún tipo (Amorós, C. 2002) de unos sobre otros.

Para la consecuencia de la igualdad es fundamental la libertad, respetar la capacidad de una persona para actuar y no someterla a los propios deseos personales.

            La noción de género surge a partir de que la idea de lo «femenino» y lo «masculino» no son hechos naturales o biológicos, sino construcciones culturales. A lo largo de la historia todas las sociedades se han formado a partir de las diferencias anatómicas entre los sexos, convirtiendo esa diferencia en desigualdad social y política. (Cobo Bedia, R. (1998), en Amorós, C (dir.). 10 palabras clave sobre la mujer.) De esta manera, lo que pensamos que es propio de un hombre o de una mujer por naturaleza – gustos, cualidades personales, preferencias – es fruto de la educación y la tradición cultural.

En conclusión, educar en la igualdad de género supone:

  • desmontar los estereotipos y roles tradicionales de hombre y mujer,
  • visibilizar a ambos en tareas consideradas propias del otro sexo (la mujer en cualquier profesión y el hombre en el ámbito doméstico),
  • construir una identidad de género que respete la autonomía de la mujer y, por último,
  • facilitar el aprendizaje de habilidades sociales que permita la creación de relaciones de respeto entre los dos sexos (prevención de la violencia).

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