Analizamos la publicidad

A continuación os planteo una actividad para adquirir un consumo responsable: analizar la publicidad, el instrumento de comunicación que nos rodea cada día con sus mensajes a través de la televisión, revistas, carteles, radio, etc.

Objetivo: reflexionar sobre los mensajes que transmite la publicidad.

Descripción: leer el siguiente texto y averiguar si es realidad o ficción.

“Soy publicista: eso es, contamino el universo. Soy el tío […] que os hace soñar con esas cosas que nunca tendréis. Cielo eternamente azul, tías que nunca son feas, una felicidad perfecta retocada con el photoshop (…). Imágenes relamidas, músicas pegadizas.

Cuando, a fuerza de ahorrar, logréis comprar el coche de vuestros sueños, el que lancé en mi última campaña, yo ya habré conseguido que esté pasado de moda.

Os llevo tres temporadas de ventaja, y siempre me las apaño para que os sintáis frustrados. (…) El glamour es ese país al que nunca se consigue llegar.

Os drogo con novedad y la ventaja de lo nuevo es que nunca lo es durante mucho tiempo. Siempre hay una nueva novedad para lograr que la anterior envejezca.

Hacer que se os caiga la baba, ese es mi sacerdocio. En mi profesión, nadie desea vuestra felicidad, porque la gente feliz no consume.”

 

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aaaaaaa

Solución

El texto es un fragmento del libro autobibliográfico «13’99 €», del autor Frédéric Beigbeder. Este publicista de profesión escribió la novela basada en su experiencia real tras ser despedido por la empresa de publicidad en la que trabajaba. En ella muestra cómo la publicidad ha conseguido transformar nuestras creencias y valores, nuestra forma de consumir y de comunicarnos. Ha convertido el dinero en el valor más poderoso y al consumo en el principal criterio de felicidad. Muestra también cuál es su principal estrategia: la persuasión, que consiste en convencer a las personas de que se sientan de determinada manera para que compren algo que no necesitan. El anuncio de coca cola es un ejemplo de ello, asocia el sentimiento de felicidad al consumo del producto. Una estrategia muy utilizada por esta marca. Otras marcas asocian con su producto el placer, el status, la aceptación social, etc.

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El objetivo de la publicidad es crear sueños imposibles, irreales, que inciten a consumir. Se trata de desear comprar el producto confiando en esos sueños. De esta manera, dejamos a un lado los criterios de compra esenciales: si lo necesito realmente, el precio, la calidad, los componentes, el origen del producto, etc. Así, tras la compra se produce un sentimiento de insatisfacción que nos conduce de nuevo a consumir.

Ante este escenario, el valor de la responsabilidad juega un papel fundamental. Un comportamiento responsable consistiría en:

  • Ignorar los anuncios cada día y sólo prestar atención a aquel spot que informe sobre algún producto que necesites adquirir. Has de saber que la información que emite la publicidad (anuncio de televisión, papeleta, cartel) es contractual, es decir, de obligado cumplimiento. Si el anuncio comunica una oferta y, luego en el establecimiento o en caja a la hora de pagar, el producto tiene otras condiciones, prevalece la información publicitaria, así que puedes reclamar en la tienda la oferta anunciada. 
  • Informarse sobre el producto antes de comprarlo, sin tener el cuenta la popularidad de la marca y el sentimiento que nos produce el anuncio. La información que nos interesa es el precio, la calidad, sus componentes/ingredientes, el fabricante y las condiciones laborales de las personas que lo han hecho y si su fabricación respeta el medioambiente. Para obtener esta información puedes leer la etiqueta del producto e investigar en internet.

 

 

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