¿Qué es la empatía?

 

La empatía se define como la capacidad de ponernos en el lugar de otras personas, es decir, la capacidad de situarse en los pensamientos del otro y sentir la emoción de forma vicaria. Por lo tanto, la empatía se compone de aspectos cognitivos y afectivos. De esta manera, constituye una importante fuente de información para comprendernos a nosotros mismos y comprender a los demás.

El origen de la empatía tiene lugar en la infancia, cuando los padres muestran comprensión hacia los distintos sentimientos de sus hijos. Un niño/a expresa una emoción y si su padre/madre reacciona con indiferencia, dicha emoción comenzará a desvanecerse en las relaciones familiares. Pero si reacciona con sintonía hacia el sentimiento de el/la niño/a, éste aprenderá a expresar dicha emoción. Según Daniel Goleman, la sintonía emocional es muy importante, resulta un condicionante para la empatía. La sintonización es un proceso en el que “el niño/a constata que sus emociones son captadas, aceptadas y correspondidas con empatía.” (Goleman, D.: Inteligencia emocional).

 

¿De qué depende la empatía?

 

La empatía depende de cuatro aspectos clave:

  • La capacidad para captar los mensajes no verbales: el tono de voz, los gestos, la expresión facial, etc. Así, las personas que son capaces de darse cuenta de estos aspectos de la comunicación, pueden saber lo que piensan y sienten los demás.
  • El nivel de conciencia de uno mismo. Esto significa que cuanto más conozcamos nuestras propias emociones, mayor será nuestra destreza en la comprensión de los sentimientos de los demás.
  • La capacidad de adoptar diversas perspectivas. Conocemos a los demás al ponernos en su lugar y nos conocemos a nosotros mismos al compararnos y diferenciarnos de ellos.
  • La calma y la receptividad, estado de tranquilidad que permite captar las señales manifestadas por los sentimientos de la otra persona. En consecuencia, la presencia de agresividad reduce y/o elimina la capacidad de empatía.

 

La empatía y la prevención de la violencia

 

La empatía es concebida como requisito para inhibir la violencia así como para resolver los conflictos de forma justa.

La violencia es un comportamiento de abuso y dominación sobre otra persona. Los sujetos que utilizan la violencia con otras  personas carecen de empatía, ya que son incapaces de percibir el sufrimiento de la persona agredida.

El hecho de percibir el sufrimiento de los demás, el dolor ajeno, hace posible que puedas emitir comportamientos de ayuda, apoyo y solidaridad, puesto que permite identificar esos sentimientos con los propios. Por ejemplo, una testigo que se ve obligada a intervenir para defender a una posible víctima; o un grupo de personas que se reparten los recursos de forma equitativa en función de las necesidades de cada miembro.

 

Claves para desarrollar la empatía

A continuación se enumeran algunos aspectos claves para desarrollar la empatía en el aula y/o en casa:

  1. Crear un ambiente en el que se puedan expresar sentimientos y opiniones con respeto y libertad. Esto permite tomar conciencia de las propias emociones y aumentar, por tanto, el conocimiento de uno mismo.
  2. Atender y comprender todos los sentimientos de nuestros alumnos/hijos. De esta manera se educa con el ejemplo, ya que la empatía supone en gran medida atender y comprender los sentimientos e ideas de los demás.
  3. Entablar diálogos en los que prime la escucha activa, aceptando la opinión y los sentimientos de todos los implicados.  Diálogo constructivo.
  4. Abordar los problemas desde diferentes perspectivas, explorando las diversas opiniones para facilitar que el/la niño/a pueda ponerse en el lugar de los demás y comparar su posición con la de los otros.
  5. Recordar (en el centro educativo, antes de finalizar la jornada; en casa, en algún momento antes de finalizar el día) algunas experiencias significativas y poner nombre a los sentimientos que han tenido en esas experiencias, preguntando también cómo se han podido sentir los demás.
  6. Afrontar los conflictos criticando toda manifestación de violencia y planteando soluciones desde criterios morales, respetando los derechos humanos y asertivos.
  7. Establecer momentos y espacios de relajación y escucha interior, que permitan recuperar la calma y reflexionar con tranquilidad. Por ejemplo, un rincón con música clásica, una alfombra, imágenes de naturaleza, etc.

 

(imagen de la entrada cedida por el autor <a href=”http://www.freepik.es/foto-gratis/mujer-que-abraza-a-la-muchacha-envuelta-en-cuadros-a-cuadros_1207757.htm”>Diseñado por Freepik</a>)